La nueva biblioteca de la Universidad de Deusto, diseñada por Rafael Moneo, se blindará contra sus tres principales enemigos: el fuego, el sol y los robos. En caso de incendio, se utilizará agua pulverizada con el fin de no dañar los ejemplares. Para evitar la exposición directa de la luz natural, estarán almacenados al abrigo de la única fachada ciega del edificio y en tres sótanos. La joya de la corona será custodiada en uno de ellos. Los fondos antiguos, los más preciados, quedarán a buen recaudo en una especie de ‘cámara del tesoro’, situada en la segunda planta subterránea. Aquí encontrarán refugio los 58.000 libros de gran valor histórico y documental que componen la colección, todos ellos guardados bajo llave, a salvo de intrusos.
Estas son las principales medidas de prevención adoptadas por la Universidad de Deusto en la biblioteca que construye en Abandoibarra, cuya inauguración está prevista para el nuevo curso académico, en octubre de 2008. En una visita guiada al esqueleto del edificio, la primera tras dos años de obras, los promotores explicaron el avance de los trabajos y el rigor de los sistemas de control, uno de los capítulos más sensibles en una instalación bibliográfica, como ha quedado de manifiesto en la Biblioteca Nacional de Madrid. El saqueo de cinco incunables, entre ellos dos mapamundi de la edición ‘Cosmografía’ de Ptolomeo datada en 1482, ha sido uno de los motivos que le ha costado el puesto a quien era su directora, Rosa Regás.
Acceso restringido
El edificio de Moneo albergará una colección formada por un total de 800.000 libros, lo que le convierte en la biblioteca más grande del País Vasco. De ellos, casi 60.000 corresponden a fondos antiguos, obras impresas entre los años 1500 y 1830, cuando comienzan a funcionar las imprentas industriales en lugar de las ediciones artesanales. Los libros anteriores al siglo XV son los incunables y, de éstos, la Universidad de Deusto guarda como oro en paño 21 ejemplares. Entre ellos, el Atlas de Ortelius, edición de 1612, el primer mapamundi moderno.
Estas y otras joyas quedarán depositadas en una cámara del segundo sótano. «Aquí estará nuestro tesoro», destacó de forma gráfica la directora de la biblioteca de Deusto, Nieves Taranco. Para garantizar la seguridad, el acceso a este depósito será restringido, sólo permitido a personal autorizado. Se trataría de dos expertos, encargados del traslado de fondos cuando sean necesarios para una exposición o una investigación. Podrán ser utilizados, pero con el máximo control. Una única puerta permitirá la entrada y salida a la sala, de 500 metros cuadrados y vigilada por cámaras de vídeo que giran 360 grados, conectadas a un centro de vigilancia con pantallas.
El acceso al resto de la colección será más directo. De los 800.000 volúmenes, 200.000 estarán a disposición de todos los públicos. El grueso se reserva a la utilización de los usuarios y el profesorado de la Universidad, así como de los investigadores. Para mejorar la seguridad y el archivo, los libros contarán con un doble sistema de control. Contra los robos, llevarán una alarma adosada a una banda magnética que salta en los arcos detectores, instalados en la planta de acceso del inmueble. Una tarjeta-chip facilitará a los bibliotecarios información necesaria para conocer si todo está en orden y mejorar así el inventariado.
Todo está cuidado al detalle. Las salas de lectura, dotadas con mil puestos, tendrán una vistas privilegiadas hacia el Guggenheim y la ría, gracias a sus enormes cristaleras. La fachada sur, donde pega el sol, será ciega para proteger el depósito de libros. Un pavés acristalado, seña de identidad arquitectónica, vestirá la mayor parte del edificio. En caso de inundación por una crecida catastrófica del Nervión, la última planta del sótano no estará ocupada por documentos, sino por un párking.
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